El discurso de la derrota

GANADORES Y PERDEDORES

Les guste o no, todo candidato al acercarse el día de la elección tiene que tener preparado un discurso para admitir la derrota o celebrar la victoria. Y, no sólo eso, también debe tener toda una estrategia política y de comunicación en torno a cada uno de los casos.

El próximo domingo están en juego las, ya de por sí frágiles, instituciones electorales del país y el ánimo con el que iniciará la contienda presidencial del año que viene. Mucho del tono que se fije para lo que sigue estará determinado por las reacciones ante los resultados electorales de los competidores en el Estado de México. Aunque algunas encuestas muestran que Morena va arriba del PRI, lo cierto es que hay empate técnico y que estará muy cerrado el resultado; por lo que asumo que el vencedor será objeto de sospechas del perdedor. Y más allá de que el resultado termine en tribunales; lo que importa es el sabor de boca que nos van a dejar estas elecciones.

Los expertos en comunicación política y específicamente en discursos establecen algunos lineamientos para escribir la concesión de la victoria. Primero el tono del discurso debe tener clase; esto es, que con mucha dignidad y orgullo el candidato vencido admita la derrota. Está o estaba mal visto que se le vea ardido o enojado al vencedor, son el tipo de expresiones que es mejor guardarse. Se vale verlo triste y decepcionado, pero habla mal de su carácter como líder verlo reaccionar sin control. Ahora, todo lo anterior parte de la premisa de que el vencido acepta los resultados electorales; cosa que en nuestro país está en duda.

Yo me imagino preocupada vivir nuevamente el escenario en donde del Mazo le gane por poquitito a Delfina y toda la maquinaria de Morena que (ya está acostumbrada a este tipo de derrotas) vuelva a encenderse con reclamos de una elección de estado, violaciones a los topes de campaña, desacreditación de las instituciones, y tal vez una gobernadora legítima. Los efectos de esta reacción serian alejar más a la ciudadanía de la política; desconfiar más de los políticos; desconfiar más de las instituciones; e iniciar una contienda electoral presidencial con todo bajo sospecha.

Otros elementos que se sugieren en un discurso de concesión son hablar bien del ganador, resaltar las cosas que tienen en común, mostrar empatía y llamar a tus votantes a brindarle apoyo durante su gestión.

Regresando al imaginario, si del Mazo pierde por poquitito hay quien dice que es el fin del PRI. La poca esperanza que le queda al partido en el poder y al Presidente de la República de poder contender dignamente por la Presidencia quedaría derrumbado; y, hasta empezarían las especulaciones en torno a una alianza del PRI con el PAN. En este escenario me cuesta ver a del Mazo hablando bien del Delfina, mostrando empatía hacia ella y pidiendo a los priístas la apoyen durante su gestión.

El discurso de concesión puede ser para un candidato la última impresión que le deja a la gente. Puede ser el fin de una vida pública. Por lo que es importante ganarse el respeto de la gente y dejar una buena impresión. No hay que olvidar que las elecciones no son sobre los candidatos, son sobre la gente que vota.