Los discursos detrás de los huachicoleros

Huachicoleros Definitiva

Hace poco escuché una entrevista que le hizo Denise Merker al obispo de Chilpancingo donde reconoció que tuvo encuentros con bandas criminales de Guerrero responsables de la violencia en la zona. Lo sorprendente no es que se reuniera con ellos (eso siempre ha ocurrido); sino que, a pesar de reprobar la violencia, el obispo reconoció que la actividad criminal es la única opción que tienen los habitantes de la zona. Esta entrevista me parece ilustrar una situación similar a la que ahora ocurre con los huachicoleros.

Existe un discurso que humaniza al ladrón de combustible y justifica a la comunidad que lo defiende. La historia va así:  Los jóvenes y adultos que terminan dedicándose a actividades criminales toman la decisión de irse por esta vía porque tras vivir en extrema pobreza (Triángulo rojo de los huachicoleros: Tepeaca 73.2% de personas viviendo en pobreza, Quecholac 86.5%, Acatzingo 78.1%, Palmar del bravo 85.8%) no encuentran oportunidades para crecer y vivir dignamente en sus lugares de origen. Otros que se niegan a participar son forzados a través de amenazas y extorsiones de las que no pueden escapar. Y una vez todos inmiscuidos, la solidaridad de la comunidad surge para defender su única forma de subsistencia. Lo que vemos en algunos medios que favorecen este discurso es que los criminales cometen actos ilegales, pero que no son malas personas; son humanas; aman a sus hijos; disfrutan convivir en familia; tienen deseos y necesidades como todos. Y, en esta historia de personas que se volvieron ladrones víctimas de sus circunstancias; la policía o los militares son represores.

También existe otro discurso, el de la defensa de la ley; el cual desafortunadamente tiene poca fuerza dado el débil estado de derecho en el que vivimos. Aquí y en china y a través de los tiempos, robar está mal, va en contra de la ley, es un acto delictivo, y, como tal, merece una sanción o castigo. En este discurso se hace uso legítimo de la fuerza por recuperar algo que fue robado y que el ladrón se resiste a entregar. Los policías y militares involucrados son héroes que resguardan la ley y el estado de derecho por el bien de todos. La ciudadanía cree que defender la ley es lo correcto y aplaude que no se transgredan los límites de la ley; porque está harta de la impunidad quiere que los responsables sean aprehendidos y castigados. En este discurso las víctimas son a quienes se les ha robado; y no se concibe que sea de otra forma.

Estamos en un ambiente de corrupción e impunidad, entre otras cosas, porque hacen falta más discursos y más acciones de personas dispuestas a defender la ley. Faltan más historias de jueces incorruptibles que hacen cumplir la ley más allá de sobornos o redes clientelares. Faltan más historias de políticos honestos dispuestos a dar su vida porque se cumpla la ley para todos sin excepción. Faltan más historias de ciudadanos intachables que en lugar de buscar darle la vuelta a la ley, la defiendan argumentando que es por el bien de todos. En mi opinión, eso sería inspirador.

Pero tampoco debemos olvidar la parte de la justicia social que llama la atención del primer discurso. Se necesitan más historias en donde poblaciones en situación de pobreza encuentren exitosamente nuevos medios de subsistencia lícitos. Hacen falta más historias de jóvenes que eligen sobresalir y quedarse en su región a través de proyectos productivos, en lugar de elegir las drogas, el narcotráfico, u otra actividad ilícita. Hacen falta más historias en donde las empresas, la sociedad y el gobierno se unen para hacer estrategias alternativas de negocio en pueblos marginados. Eso también sería inspirador.