No hay peor ciego que el que no quiere ver

Ciego

Hoy, tras el triunfo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, lo único que escucho y leo es que la gente a mi alrededor no da crédito, no entienden, están sorprendidos. ¿Cómo puede ser que alguien considere a Trump viable? ¿En qué estaban pensando los estadounidenses? ¿Por qué no ganó Hillary? Esto no puede ser. No lo puedo creer.

El mundo está dividido.

Existen dos grandes realidades, dos percepciones del mundo. Por un lado, están los progresistas: lo que creen en un mundo de libertades, de libre comercio, de capital mundial, de derechos de minorías; que le apuestan a soluciones tecnológicas, avances médicos y de la ciencia; que buscan la conciliación y el debate; etc… Por otro lado, están los conservadores: los que añoran el pasado, los que le apuestan al proteccionismo, al nacionalismo, los que les cuesta trabajo la diversidad y la pluralidad, los que siguen apostando en las viejas formas de hacer las cosas, etc…

Hoy, como el día después de la votación del Brexit, la reflexión tiene que ser “¿por qué?” ¿Por qué para muchos no ha llegado el progreso? ¿Por qué la justicia no ha sido para todos (Yo pienso en tantas familias en el mundo que siguen viviendo historias de violencia intrafamiliar y abuso que les impiden ver y vivir diferente)? ¿Por qué hay gente que aún cree en un orden natural, una verdad absoluta? ¿Por qué los valores liberales les siguen ofendiendo a muchos? ¿Por qué el trabajo ya no dignifica? ¿Por qué ya no hay honor en el servicio público y predomina la trampa y la corrupción? ¿Por qué tantos han estado silenciados?

La agenda progresista le ha fallado a esa otra mitad. No los ha podido convencer porque no han sido beneficiados, se sienten juzgados, maltratados, menospreciados por su visión del mundo y de la vida. Por eso no revelan sus preferencias. Por eso están en desacuerdo en silencio.

Hay que hacer una pausa del rápido desarrollo al que ha sido sujeto la humanidad para que los de atrás nos alcancen, para buscar soluciones hacia una mejor distribución del capital, para que la revolución tecnológica sea para todos, para vernos al espejo como sociedad y sinceramente reconocernos… Muchos dirán que no hay tiempo, pero más vale que se lo hagan, porque la balanza está en el medio y se puede ir para cualquier lado.