Reposicionar el autoritarismo

Autoritarismo

En las últimas semanas se ha presentado el surgimiento de distintos grupos de oposición que buscan reagruparse y volverse un contrapeso durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Las primeras acciones de estos grupos son las de ser críticos, evaluadores, y opinólogos de las acciones del actual gobierno. Permanentemente escandalizados por la destrucción de las instituciones; pero siempre reconociendo la prioridad en la agenda de AMLO: la corrupción.

Hoy en día la corrupción mata todo, es el eje justificador bajo el cual se destruyen instituciones, programas de gobierno, personas y personajes. Con el escudo, emblema o espada de la lucha contra la corrupción se puede lograr cualquier cosa.

Pero si nos vamos a revisar nuestra historia, gran parte de la lucha política de los últimos 20 años fue en contra de un partido hegemónico, fue buscar desarmar el autoritarismo y construir una auténtica distribución de poderes, una pluralidad de partidos, de representatividad de minorías, de garantizar alternancia.

Ahora resulta, que la lucha por la corrupción justifica restaurar el autoritarismo, la concentración de poder, el hiper-presidencialismo. Al parecer, ya se nos olvidó el daño y el trabajo que nos costó redistribuir el poder y generar equilibrios y contrapesos. Queda claro que no está en el “top of mind” de la ciudadanía.

Yo considero, que los nuevos agrupamientos de oposición deben convertir en prioridad reposicionar el autoritarismo con uno de los grandes enemigos de la historia de nuestro país; y que quien quiera que no lo vea así es un “traidor a la patria” (usando el mismo lenguaje del Sr. presidente).

Se debe subrayar que un gobierno socialdemócrata no tiene porqué ser autoritario. Los principios de libertad, igualdad, justicia, soberanía no están vinculados al autoritarismo. Aún la lucha contra la corrupción no requiere la concentración de poder autoritaria.

La principal defensa de la oposición debe ser a las instituciones democráticas que hemos construido justo para una equilibrada repartición de poder. Nunca cuando todo el poder se concentra en un solo hombre trae cosas buenas.

Debemos de seguir aprendiendo a convivir en pluralismo; y aunque parezca contradictorio eso no implica fragmentación; implica respeto; inclusión; participación. Muchos antes que nosotros lucharon por tener espacios de participación que ahora se ven en riesgo ante la concentración de poder.

En resumen, lo que quiero proponer es que la oposición convierta al autoritarismo en el nuevo enemigo, que usen los discursos, escritos, personajes, voces, campañas (o lo que sea necesario) para la lucha contra el autoritarismo. La defensa de las instituciones es un término abstracto y aburrido; pero el autoritarismo es un término más fácil de entender, es el enemigo común por el que hemos luchado durante nuestra historia. Hay que reposicionar el autoritarismo.