Suenan las alertas

Suenan las alertas

López Obrador y su partido Morena ganaron apabullantemente en todo el país. La concentración de poder que ahora manejarán da pie a que Morena se pueda convertir en una nueva hegemonía y a que AMLO gobierne a su antojo. La pluralidad que somos ahora estará representada dentro de Morena y las pugnas se darán dentro del poder, como era antes. Y si la cosa no está tan extrema como la describo hay muchas señales de que hacia allá va.

Primero, la reunión con Meade es un símbolo no sólo de reconciliación; sino de que todos caben en el nuevo gobierno mientras sumen a legitimarlo y a dar sensación de unidad/unanimidad. El aval del antiguo enemigo incrementa el poder de quien lo ostenta.

Los elogios hacia Slim van en este mismo sentido. No importa que por muchos años haya sido parte de la mafia del poder. Ahora bajo la generosidad del nuevo gobierno los hombres talentosos y exitosos son reconocidos y sumados. Se pueden lograr más cosas cuando el dinero y el poder se llevan bien.

Entonces, la pregunta que ronda en la cabeza de muchos es ¿cómo ser oposición ante tanta concentración de poder? ¿cómo construir una oposición para evitar un hiper presidencialismo? ¿cómo generar contrapesos sin parecer un freno ante el electorado exaltado con los nuevos aires del gobierno entrante?

Al respecto escribió esta semana Diego Fernández de Cevallos que la unión no implica unanimidad; que la unión nacional debe darse en la pluralidad. Y suena muy bonito pero en el cómo es en lo que ya se están tardando.

Alejandro Poiré, ex secretario de gobernación y actual director de la escuela de gobierno del ITESM, considera que una de las cosas que la oposición debe evitar es tratar de convertir a AMLO en villano, evitar echar culpas al gobierno actual y mejor confiar en la gente.

Y es que sí; volcarse hacia la gente es la primera estrategia que la oposición debe hacer. Crear nuevas redes de personas reales no sólo clientelares. Ahí es donde se siente el pulso real de las necesidades y expectativas. Pero muchos sienten que ahora no tienen herramientas para parar su crecimiento y consolidación. Pero esa debería ser la primera tarea de la oposición; porque si no lo hacen ellos el grupo en el poder lo hará.

Sólo como muestra, salió la noticia de que Bejarano busca crecer su organización (Movimiento Nacional de la Esperanza) “apartidista”, “independiente de Morena” a través de una especia de subcordinadores estatales que se encargarán de bajar recursos a los miembros de su organización; tal y como lo hacían/hacen el Barzón, Antorcha Campesina, la CNC, el CCI en la época de la hegemonía corporativa priísta.

Estas organizaciones de base, como se conocen, son el corazón de los partidos y son los que se abandonaron en un afán tecnócrata de gobierno. Se necesitan nuevos operadores de campo, que se ganen la confianza de la gente y que sumen convicciones.

Esto, sumado a una observación, vigilancia y rendición de cuentas incisiva con el análisis e investigación de parte de los partidos o de los académicos o de los medios de comunicación o de la “sociedad civil”. Y también, la iniciativa privada debe ser parte de un cambio en el que la mejora del ingreso de los ciudadanos y su calidad de vida no se deba al gobierno si no al esfuerzo de uno mismo por su trabajo.